Exempleadas domésticas de Latinoamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano

Actualidad 02 de agosto de 2022 Por redacción WTF
La congregación tiene una famosa "escuela" para sirvientas. Aseguran que las someten a explotación, lavado de cerebro e interminables jornadas laborales.
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Exempleadas domésticas de Latinoamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano

Más de 40 mujeres de Argentina, Paraguay y Bolivia denunciaron a la organización ultraconservadora católica Opus Dei ante el Vaticano por trata de personas, explotación y reducción a la servidumbre.

Las mujeres, que no han acudido aún a la justicia ordinaria a la espera de reunir más testimonios, según su abogado, reclaman una reparación económica y un reconocimiento público de la Iglesia.

Sus historias tienen puntos en común: fueron reclutadas entre familias de bajos recursos cuando tenían entre 12 y 16 años y las llevaron a Buenos Aires en las décadas del 70, el 80 y el 90 con la promesa de darles educación.

Recibieron capacitación en tareas domésticas y las hicieron trabajar gratis para miembros de alta jerarquía y sacerdotes de la obra fundada por el cura español y santo Jose María Escrivá de Balaguer, en una escuela para servidumbre que es famosa en el mundo.

Exempleadas domésticas de Latinoamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano
Alicia Torancio

La denuncia presentada ante el Vaticano asegura que "hubo un plan proselitista" y que "lo hicieron con el conocimiento y consentimiento de las personas que ostentaban las facultades de organización y control".

Alicia Torancio, una de las 43 mujeres denunciantes, contó a la BBC que estuvo desde la adolescencia hasta los 30 años como sirvienta.

"Los últimos seis años estuve sumergida en una depresión terrible, ellos me trataron con psiquiatras de la obra y tuve un intento de suicidio. Me decían que esa era mi cruz, lo que tenía que pagar por los pecadores, y que con mi sufrimiento estaba sosteniendo las labores apostólicas. Sólo me dejaron ir cuando no servía más para trabajar".

Exempleadas domésticas de Latinoamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano

Torancio nació y creció en Mercedes, a casi 700 kilómetros de Buenos Aires. A los 10 años, mientras los hermanos varones se quedaban a trabajar en el campo con su padre, peón rural, a ella y a sus hermanas las mandaron a casa de unos familiares en la capital argentina para terminar la escuela primaria y después emplearse como servicio doméstico.

Por una de sus hermanas mayores, que ya trabajaba allí, supo de un centro de formación para mujeres. "Te ofrecían algo tentador, porque era una casa donde podías vivir y de paso tener una capacitación", contó.

Exempleadas domésticas de Latinoamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano
Ahí llegó Élida, la primera Torancio en entrar al Opus Dei como numeraria auxiliar, la categoría más baja de pertenencia a la obra, la de las "mucamas".


Torancio no quería ser del Opus Dei. Pero a los 15 años y a través de su hermana consiguió trabajo en una residencia de varones perteneciente a la obra. Como estaba sola en Buenos Aires, le ofrecieron alojamiento en la residencia de mujeres donde estaban todas las chicas que estudiaban en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos, el ICIED, "la escuela de mucamas".

"Cuando llegás ahí te empiezan a hacer la cabeza. Te dicen que tenés vocación para ser santa, que podés aportar al mundo a través de tu trabajo y que vas a ayudar a cambiar el mundo. Y yo era muy idealista", se lamenta.
   

A los tres meses escribió la "carta de admisión" a las autoridades de la obra: un escrito de puño y letra en el que manifestaba su vocación. Una vez que la aceptaron, dejó de cobrar por su trabajo y tuvo que empezar a vivir de un día para el otro con las reglas del "plan de vida" de los miembros: despertarse a las 6 de la mañana, bañarse con agua fría, rezar, estudiar textos de Escrivá de Balaguer y trabajar el resto del día, pero ya sin pago.

"Te dicen que le ofrecés tu trabajo a dios. A mí me preocupaba que ya no iba a poder mandarle dinero a mis padres. Me dijeron: 'Ya no tenés que preocuparte por tus padres. Ahora tu familia es el Opus Dei'".

En ese momento le designaron también una directora espiritual con la que debía charlar a diario, y le sumaron la obligación de confesarse una vez a la semana con un sacerdote.

Recibió también una liga de alambre con puntas, el cilicio, y un látigo con un manojo de sogas trenzadas y enceradas, la disciplina, junto con las instrucciones de uso: llevar el alambre ajustado a la pierna dos horas al día y rezar dándose latigazos en la espalda una vez a la semana. Todavía tiene las cicatrices del cilicio en el muslo.

Con la admisión tuvo que ir a la "escuela de mucamas". Era como una secundaria, pero de sólo tres años y sin título oficial. Tenían clases de cocina, limpieza, costura, modales. La escuela era de 2 a 7 de la tarde. Los padres de algunas de las chicas pagaban una pensión. Las que no podían, como Alicia, sentían la responsabilidad de trabajar más para compensar que no pagaban.

"Te cortan los vínculos con tu familia y con el (mundo de) afuera, pero además tenés prohibido hacerte amiga de alguna de tus compañeras. Tampoco podía compartir con mi hermana. Te observan todo el tiempo y enseguida te llaman la atención".

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