¿Ciencia o magia?

Curiosidades 28 de abril de 2021 Por S&
Desde comer animales veloces para tener velocidad hasta espantar espíritus malignos, muchos pueblos tienen rituales con mucho misterio.
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Actualmente, la expresión “buena forma física” sugiere supremos logros atléticos a realizar suficiente ejercicio para mantenerse en buen estado y saludable.

Naturalmente, gentes de todas las civilizaciones siempre han deseado estar fuertes y ser capaces de correr rápidamente, en especial porque a veces su vida ha dependido de ello, tanto en la guerra como en la caza.

Para mejorar su velocidad y resistencia, muchos pueblos han recurrido a la magia por simpatía, comiendo animales veloces para obtener sus atributos. En lugar de comer pasta como los modernos maratonianos, los indios Tarahumaca, de México, creían que el mejor alimento era la carne de la liebre, que corre muy deprisa.

En algunas culturas, al llegar a la pubertad, los muchachos y las chicas han de pasar por ceremonias de iniciación que ponen a prueba su capacidad para convertirse en adultos. Algunas eran extremadamente dolorosas y bastante turbadoras.

En Bechuanalandia por ejemplo, las chicas jóvenes tenían que aferrar una barra de hierro caliente durante un largo lapso de tiempo sin gritar de dolor.

Hechiceros

La salud de la tribu en su conjunto es normalmente responsabilidad de un hechicero, que actúa a la vez como sacerdote y como médico.

Con frecuencia, toda la tribu asiste a sus danzas terapéuticas, en las cuales entra en trance y expulsa a los malos espíritus de los enfermos. 

Existen similitudes entre la medicina practicada por los hechiceros de todo el mundo: el ritmo hipnótico de los tambores y la danza, el esplendor de las ropas y la solemnidad del ritual, que ejercen un poderoso efecto en la mente de los enfermos que intentan curar. En algunas sociedades, la enfermedad se atribuye a que el alma ha abandonado el cuerpo. La tarea del hechicero es reemplazarla.

Los espíritus malignos

La idea de la enfermedad como posesión por parte de espíritus malignos penetra también la religión cristiana. Siguiendo el ejemplo del propio Jesucristo, muchos santos de los primeros siglos fueron curanderos prodigiosos. De San Humberto, el obispo de Lindisfarne en el siglo VII, se pensaba que era un médico muy eficaz; después de su muerte, su tumba fue visitada por personas que buscaban una cura milagrosa.

La Iglesia Católica todavía reconoce la posibilidad de estos milagros, y miles de peregrinos afirman haber sido curados bebiendo las aguas milagrosas de Lourdes.

Vittorio Micheli viajó a Lourdes en 1963, sufriendo de cáncer terminal de los huesos de la pelvis. A su regreso de Italia, el hueco de su cadera había vuelto a formarse por completo, y Micheli siguió haciendo una vida normal.

Evidentemente, los hombres de ciencia se niegan a admitir el carácter “milagroso” de estas curaciones, pero, como no tienen más remedio que aceptar los hechos, ponen siempre el acento en lo psicológico.

Hipnosis

Los intentos de explicaciones racionales de estas curas “milagrosas” normalmente hacen referencia a la sugestionabilidad del paciente. Ésta es la base del hipnotismo, durante el cual la actividad cerebral es bastante diferente de la de alguien que está dormido o despierto.

La primera persona que utilizó el hipnotismo profesionalmente fue el austriaco Franz Mesmer, que asombró a la sociedad parisina en 1780 con sus poderes, y afirmó poder enseñar a utilizarlos como anestésico en la cirugía.

Actualmente, la hipnoterapia abarca dos categorías principales: en una, derivada del mesmerismo, el hipnotizador sugiere al paciente que el dolor o la lesión desaparecerán; la otra se emplea únicamente para tratar trastornos psicológicos. En ambos casos, normalmente es el propio sujeto el que parece tener el poder de “curar” sus problemas.

La mente sobre la materia

Muchas otras terapias deben su efectividad al mismo principio. Éstas van de la biorretroalimentación a la curación por fe. Los practicantes de la medicina convencional también son conscientes de la poderosa influencia de la mente sobre el cuerpo, tanto para bien como para mal. Esta se pone de manifiesto en el efecto “placebo”, cuando agua coloreada totalmente inocua produce el mismo efecto que un medicamento elaborado en los laboratorios.

Los deportistas actuales, con sus frecuentes lesiones, normalmente confían en la medicina ortodoxa, aunque ésta no siempre tiene éxito.

Graham Barlow, un jugador de cricket profesional, sufrió continuas molestias en 1984 a causa de una lesión de cadera, y ningún tratamiento tuvo éxito. Desesperado, recurrió a un curandero. Milagrosamente, recuperó su buen estado y, al año siguiente, disfrutó de una de sus más exitosas temporadas. 

Terapias por danza

Actualmente, la danza ha perdido la mayor parte de su función original mágica como una afirmación de la armonía entre el hombre y la naturaleza. Sin embargo, incluso en una discoteca, siempre hay momentos en los que los bailarines experimentan un poderoso sentido de armonía con sus cuerpos y con las demás personas que se mueven al compás de la música.

Estos sentimientos pueden compararse con el trance que pone a muchas danzantes tribales en contacto con el mundo espiritual.  La mayoría de las enfermedades que curan los hechiceros con ayuda de danzas rituales son probablemente de origen psicológico. Este sentido integrador de pertenencia que puede lograrse a través de la danza es el objetivo último de muchas formas modernas de terapia. 

La danza es especialmente beneficiosa en el tratamiento de personas psicológicamente perturbadas.  También puede ser útil para la recuperación corporal, por ejemplo, rehabilitando pacientes. 

 

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