La increíble historia de amor de Jairo: 50 años con Teresa, la mujer a la que cuidó hasta la muerte

Espectáculos 29 de julio de 2021 Por redacción WTF
El cantante y compositor estuvo de novio con su mujer poco más de un año. Se casaron y no se separaron nunca. Con un emotivo mensaje, despidió a su compañera y madre de sus hijos, quien padecía una enfermedad crónica
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Teresa Sainz de Los Terreros y Mario Rubén González Pierotti se casaron en 1972 y nunca se separaron: Mario es el famoso cantante Jairo, quien pese a las giras, recitales y separaciones por viajes nunca dejó de estar enamorado de su esposa, a la que despidió con tiernos mensajes.

“Con infinito dolor comunico el fallecimiento de Teresa Sainz de los Terreros, mi amada esposa y madre de mis hijos. Agradecemos los mensajes de cariño. Hoy rogamos por su descanso en paz tras años de lucha conmovedora y desigual contra la enfermedad. Gracias por el respeto”, expresó el cantante.

La pareja tuvo 4 hijos: Iván, Yaco, Mario y Lucía. Solo Yaco reside en Argentina, por lo que los otros tres, que se instalaron en Europa, no pueden desperdirla.

Su historia de amor comenzó hace medio siglo en Madrid, donde ella había nacido. Los presentaron en una Navidad y nunca se separaron.

”Nevaba mucho. Yo tenía veinte años y en esa cena no hablé ni una palabra porque soy muy parco, tímido. Me cuesta mucho arrancar. Cuando se levantó para irse, le dije: ‘Te acompaño’. Caminamos bajo la nieve, la acompañé hasta su casa que quedaba a seis cuadras. Al día siguiente, yo tenía que cantar en un programa de la Radio Nacional en el Teatro Madrid, el más antiguo de la ciudad. Le dije que me gustaría que me acompañase. Su respuesta fue lo que nos unió. Lo pensó, no dijo nada, se alejó y, cuando abrió la puerta, me preguntó: ‘¿A qué hora es lo de mañana?’. A partir de esa noche, no nos dejamos de ver un solo día, salvo cuando me voy de gira”, recordaba Jairo sobre aquel primer encuentro.

 “Estuvimos de novios un año y ocho meses. Nos conocimos muy jovencitos, yo tenía 22 y, ella 20. Fue como un flechazo. Luego, de casados, salvo por un imponderable, nunca nos separamos. No podemos vivir el uno sin el otro. Fue mi primera novia y mi primera y única mujer. Y no habrá otra. Nosotros tenemos una relación muy pura y perfecta. Nuestro amor es irrepetible”.

La noticia de que Teresa sufría de una enfermedad crónica trascendió muchos años atrás. Desde ese momento, Jairo decidió dejar de viajar tanto y acompañar a su mujer. “Está muy enferma desde hace muchos años, así que no puedo, ni quiero, alejarme mucho de ella. Está muy lúcida y eso, a veces, juega en contra de un enfermo. Montamos una internación domiciliaria desde hace muchos años, así que la casa es un desfile de médicos y especialistas. Pero no es una carga para mí, no lo siento así. Ella hubiera hecho lo mismo por mí”, contaba en una entrevista a La Nación de 2019.

“Hablamos siempre con Teresa, está muy bien, tiene una mente privilegiada, fantástica. Es una mujer sensible, culta y divina, una cosa extraordinaria”, había dicho a fines de 2020 durante una charla con Juan Etchegoyen en Mitre Live.

“Está bien, tiene una patología seria, pero está muy cuidada en una internación domiciliaria. Tiene dificultades para hablar porque tiene una traqueotomía. Ella tiene un problema muy serio en las vías respiratorias y es más fácil el acceso con una traqueotomía. La tiene desde hace algunos años y ha sido muy útil”, explicaba sobre el mal que padecía y agregaba: “También usa respirador para dormir”.

Sobre la enfermedad de su compañera de vida dijo: “Aún no me puedo acostumbrar. Pero, qué se yo, trato de quedarme con los momentos positivos que existen en medio de esta situación. Ayer, por ejemplo, pasó algo hermoso. Estábamos en el hospital (donde se está recuperando de la operación de cadera, antes de volver a casa) y de golpe me agarra la mano fuertemente, con su rostro desencajado del dolor. Y no me la suelta durante dos horas. Yo no sabía qué hacer, y de golpe le digo: ‘¿Te acordás Teresa, cuando nos casamos y nos fuimos de luna de miel repentinamente a Portugal?’. Ahí le cambió la cara. ‘¿Y de lo bien que la pasamos en ese hotel, que era como una suerte de club de golf, donde prácticamente estábamos sólo vos y yo?’. Entonces empezó a sonreír y se olvidó del dolor. Eso es el amor”, relataba meses después de sufrir un principio de ACV.

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