Tres minutos a casi 200 grados bajo cero: el curioso tratamiento de Luis Suárez para seguir vigente

Deportes 02 de octubre de 2021 Por S&
El uruguayo, máximo anotador del Atlético, cuenta con una cabina de crioterapia en su casa para alargar su carrera y mejorar su rendimiento deportivo.
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En la casa que Luis Suárez eligió hace un año, días después de llegar a Madrid, había una cabina de crioterapia. Probablemente fuera uno de los atractivos que le ayudó a decantarse por ese nuevo hogar. Evidentemente a Sofía, su esposa, tampoco le disgustó la decisión. Su nueva vivienda había pertenecido a un futbolista de elite, que invirtió en una de esas cápsulas que potencian y alargan el rendimiento del deportista. El uruguayo llevaba tras ella desde su etapa en el Barcelona y, de repente, se encontró con una. Casualidad o no, de los ocho partidos que se ha perdido con el Atlético sólo tres se han debido a problemas musculares. Ni rastro de muchos de los males que le lastraron en su etapa anterior.

Suárez va camino a los 35 años con la misma voracidad goleadora que le empujó hasta la cima. La edad le ha restado velocidad, pero no ha embotado su colmillo. Ahora pelea para que el físico no sea ningún freno. En su mente, aparte de seguir ganando títulos con el Atlético, está el Mundial de Qatar 2022. Y para alcanzar esa meta necesita que tanto el cuerpo como la mente estén sanos. Por eso suele meterse casi a diario en esa cabina de crioterapia que le alegró la vista al llegar a Madrid. Son sesiones de tres minutos, a una temperatura extrema de 196 grados bajo cero, para lograr una recuperación muscular inmediata. Son 180 segundos de vértigo, con ese aroma a nitrógeno líquido, que le permiten conciliar mejor el sueño y alcanzar un óptimo estado anímico.

"Estos efectos son consecuencia de la señal de alarma que se desata al exponer el cuerpo a temperaturas tan extremas", detallan desde la empresa Cryosense (www.cryosense.com), responsable de la máquina de Suárez y, también, de la de otros futbolistas como Mohamed Salah, estrella del Liverpool. «Se activa una respuesta neurorrefleja a nivel sistémico, responsable de los efectos característicos de la crioterapia a -196 grados: liberación de endorfinas, serotonina, dopamina, mediadores en múltiples procesos fisiológicos. Todo ello deriva en efectos muy beneficiosos», añaden.

Después de cada entrenamiento, tras cada partido o cuando alguna molestia física le acecha, Suárez dedica tres minutos a esconderse en esa suerte de máquina del tiempo que le ayuda a luchar por mantenerse en la elite. Aparte de acortar plazos de recuperación en todo tipo de lesiones musculoesqueléticas (bien lo sabe el madridista Carvajal, que llegó al Mundial 2018 gracias a dobles sesiones), potencia el estado físico del futbolista. En este caso, del delantero charrúa. «La crioterapia aumenta los picos de rendimiento, impulsando su capacidad física y permitiendo mantener esa ventaja durante más tiempo», concluyen en su análisis desde Cryosense, que despegó en Estados Unidos y ha echado raíces en España. En la reanudación del fútbol durante la pandemia, en 2020, ante el riesgo extremo de lesión por la alta carga de partidos, su uso se generalizó entre los equipos.

Un complemento perfecto al plan elaborado por el cuerpo técnico del Atlético, con el Profe Ortega a la cabeza, para volver a disponer de la mejor versión de Suárez. Para que esos 21 goles y tres asistencias de su primer año puedan volver a repetirse. El punta llegó hace dos meses de vacaciones, tras contar con una semana de descanso más que el resto. Y aunque está siendo complicado, por ese empeño rojiblanco de rematar las faenas con intriga, en tiempo añadido, el objetivo es dosificarle y prescindir de su presencia en minutos intrascendentes. Esos mismos de los que, hasta la fecha, no ha disfrutado el conjunto de Simeone. De ahí que el ariete charrúa sea el séptimo futbolista que más tiempo ha estado sobre el verde (590). De la variada línea de delanteros, sólo Ángel Correa ha jugado un minuto más.

El contrato de Suárez expira el próximo 30 de junio y en los despachos del club siguen pensando que no hay veneno más letal al que puedan aspirar. Nadie, a pesar del DNI, descarta un tercer episodio. Este curso suma cuatro goles en sus nueve duelos y es el máximo artillero del equipo. Todas sus dianas han sido decisivas. La último, en San Siro, le sirvió, además, para sofocar una maldición que arrastraba desde Barcelona. «A Suárez lo veo como siempre desde que llegó aquí. Con el mismo hambre, ilusión y le intentamos potenciar que lo mejor que tiene es el gol», le ensalzaba ayer Simeone.

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